Ningún interés personal puede estar por encima del interés de la transformación

Desde antes de la primera elección presidencial cuando compitió Andrés Manuel López Obrador con Felipe Calderón en 2006, participé como voluntario en la promoción del voto deseando que, llegando el momento definitivo, triunfara una expresión que había sembrado la esperanza en México luego de padecer la ignominia de administraciones federales que saquearon al país. Asimismo, fui testigo de cómo fue caminando la corrupción: un lastre que laceró la vida democrática e institucional del territorio.

A través del territorio Michoacano: lugar emblemático e histórico en la transformación de la vida sociopolítica del país, sostuve mi voto de confianza al ahora presidente Obrador, porque siempre estuve convencido que, su proyecto alternativo, algún día rendiría frutos. Ese momento llegó, no sin antes seguir la trayectoria de Andrés Manuel desde su salida inminente del PRD, así como la gestación del Lopezobradorismo que se sumó a un movimiento social mayúsculo que terminó por convertirse en la columna vertebral que legitimó a la llamada 4T.

Desde esa trinchera, han pasado momentos complejos, pero al final transitorios porque el presidente Obrador ha demostrado responsabilidad, compromiso y amor por México. Por esa razón, en su momento mantuve firme mi concepción de que, en la dirección Nacional de Morena, el único referente con capacidad de sacar avante el proceso electoral del 2021 siempre fue Mario Delgado. Su propuesta desde un principio fue consolidar e impulsar la 4T en todos los territorios en donde habrá ejercicio democrático.

Llegó el momento de la definición y ganó la propuesta más sólida para transformar la agenda integral del partido guinda con el triunfo de Mario Delgado. El más que nadie sabe perfectamente lo que es vivir un proceso en medio de la guerra sucia y la descalificación de los grupos minoritarios; también, siempre ha sido elocuente con las normas institucionales de legalidad que rigen el funcionamiento de un órgano social partidario como Morena.

Eso, desde el momento que llegó a tomar protesta como nuevo dirigente Nacional de Morena, conformó la legalidad a los estatutos del partido donde expuso respeto a la toma de decisiones de las mayorías; esto significa que, sobre todos los intereses particulares, está poder colectivo.

“Ningún interés personal puede estar por encima del interés de la transformación”. Ese mensaje, lo dirigió Mario Delgado para hacer énfasis del respeto a las decisiones del método de la encuesta que, actualmente, ha sido el mecanismo que ha permitido elegir a los perfiles más idóneos y con mayor capacidad en las entidades para ganar los comicios del 2021.

Mario Delgado sabe perfectamente que, desde que comenzó el resolutivo, se han presentado casos aislados donde el clima intenso de jaloneo y chantajes ha sido el punto central. Muchos quieren conservar el legado perredista para sacar raja política de la coyuntura electoral. A pesar de no tener ninguna injerencia como figuras públicas, se registraron en la contienda interna de Morena y poder competir. Estuvieron en todo su derecho, porque hubo pluralidad, equidad e igualdad de condiciones.

Sin embargo, sabían perfectamente que únicamente saldrían victoriosos 15 delegados de la 4T para los estados donde habrá transición del ejecutivo. Al realizarse los primeros nombramientos, aprovecharon y mostraron el lado más irracional de un político: el chantaje.

A pesar de que firmaron un acuerdo de civilidad, continúan mostrando la pedagogía perredista: un aprendizaje significativo adquirido de las tribus del Sol Azteca del que muchos actores políticos siguen proyectando en su comportamiento.

Esto está pasando ahora en Michoacán. Resulta que un grupo de 18 aspirantes que a muchos ni en su casa los conocen, se pronunciaron en bloque una vez que obtuvieron el registro como suspirantes; exigen según su narrativa, transparencia en la contienda. Así, sin argumentos, quieren someter y doblegar a Mario Delgado para que no anuncie lo inminente.

Saben perfectamente que, dentro de muy poco, Mario Delgado nombrará a Cristóbal Arias Solís candidato de Morena en Michoacán— porque la lógica así lo apunta desde hace más de 13 meses; ese fundamento, por su parte, se sujeta de 40 investigaciones que anticiparon ese escenario una vez que se detalle el ejercicio final del Comité Nacional de Encuestas del CEN. Por tal motivo, se han agrupado personajes cuyo pasado perredista aflora a partir del momento que se han visto rebasados por el aspirante virtual.

Entonces, desde que se vieron superados, han decidido sacar provecho. Esa lectura además de incitar a la provocación del máximo órgano de Morena, pretende desprestigiar la expresión que ellos mismos dicen ser parte, al parecer. Esa forma de actuar es equivocada. Mario Delgado seguramente no dará paso atrás; sostendrá su firmeza en la toma de decisiones como lo ha hecho hasta ahora.

La decisión en definitiva será en favor de Cristóbal Arias Solís. Prueba de ello, es que sus propios rivales lo reconocen al querer tumbarlo de un lugar que se ganó con el apoyo de la inmensa mayoría de michoacanos que inclinaron la balanza a su semblanza. No lo lograrán, porque seguramente superará el liderazgo de Mario Delgado que lo ha caracterizado en este proceso interno.

Asimismo, el grupo que pretende chantajear, se sumará al proyecto de Morena sí es que, su convicción, así lo concibe; sino, serán relegados de la 4T, porque el oportunismo y la manipulación no tiene cabida. El mismo presidente ha sido claro. Si algo no tolera López Obrador, es que pretendan sacar provecho del partido; lo demostró cuando salió del PRD.

Más claro.

Los 18 aspirantes dan patadas de ahogado. Les ganan las emociones y muestran su perredista que aun traen por dentro. Lástima, en Morena las cosas han cambiado: “el pueblo pone y el pueblo quita”.

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mentes.maestras@hotmail.com

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